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La cocina y yo…

Desde que tengo uso de razón, la cocina en casa siempre ha sido muy, muy, pero que muy variada. ¡Posiblemente debido a tanta mezcla de nacionalidades! Desde los platos salados a los dulces, todo tipo de sabores, texturas, recetas de un sinfín de países…

 

Mi abuela americana fue toda una repostera y daba clases de cocina en su época. De mis primeros recuerdos…estar subida sobre una banquetita de madera en la cocina de mi casa para llegar a la encimera, haciendo de pinche para mi abuela, que viajaba desde EEUU para las fiestas cada año,  y preparando las ricas galletas de Navidad que ya formaban parte de nuestra mezcla de tradiciones navideñas en casa. Ahí estaba yo, subida a la banquetita, con mi delantal de Minnie Mouse (¡que todavía conservo!) – un regalo de mi abuela traído desde EEUU en los años 80-. Ante mí, todo un despliegue de cortadores de galletas con motivos navideños, una bola enorme de masa, harina espolvoreada por doquier, el rodillo, y mi pincelito para dar el toque a las galletas con el huevo antes de añadirle los famosos ‘sprinkles’ de colores (virutas). Recuerdo esos años con nostalgia, el olor a galletas recién horneadas, la sonrisa paciente de mi abuela al ver que la renacuaja quería estar metida en todo y era una bola de impaciencia. ¡Me parecía una eternidad lo que tardaban las galletas en estar listas!

 

delantal y cortadores 

 

Mi madre… qué decir de mi madre. ¡Una inspiración! De ella ‘heredé’ el gusto por la variedad en la cocina, la curiosidad por probar sabores nuevos (la cocina internacional), las ganas de aprender a preparar cositas y en especial mi adicción, sí, una verdadera adicción, por los libros de cocina. Su armario de recetas en la cocina lleno de libros de todos los tamaños y colores, cuadernos con anotaciones, recetas miles, cajas llenas de recetas laminadas, recortes de revistas, etc. ¡Para mí era y sigue siendo como un cajón lleno de chuches! ¡No hay quien se resista!  

 

Recuerdo cuando amigos venían a casa después del cole y mi madre nos tenía preparadas una montaña de American Chocolate Chip Cookies, o una hermosa porción de Carrot Cake con su delicioso frosting de queso, o Lemon Bars (barritas de limón) que entraban como las pipas. Los amigos estaban encantados de probar sabores nuevos y la ‘fama’ de mi madre en cuanto a sus platos y sus dulces era conocida entre ellos como deliciosa y atípica por aquel entonces.

 

Mi padre, otro gran aficionado a la cocina. Su especialidad: sin dudarlo, la paella, como buen alicantino. Nada se puede comparar a sus paellas. ¡NADA!  Al igual que sus cocidos, los gazpachos, las fabadas, las carnes, los pescados… Ya sé, ya sé, ya paro… ¡Se me hace la boca agua! Dale un par de ingredientes y te prepara un festín en un santiamén.

 

Mis hermanos, todos unos ‘cocinitas increíbles’, lo sé, que voy a decir, son mis hermanos, ¡pero hablo en serio! Cada uno con su estilo y sus especialidades, se aprende mucho observándoles en acción en la cocina. Cada uno tiene algo que enseñarme y aunque no se dan cuenta, la gran mayoría de las veces estoy tomando notas mentales de lo que van haciendo y sus truquitos. Salta a la vista que  todos hemos heredado el gusto por la cocina. ¡Es un gusto!

 

Y mi marido… Dice que hasta que me conoció, lo más elaborado que había hecho en la cocina era abrirse una lata de lentejas. Un vasco…con esa reputación de gran comedor…y  tras probar durante años la cocina de su madre que hace una tortilla de patatas…madre mía qué tortilla, jugosa y con trocitos minúsculos de cebolla (están escondidos para que mi suegro no se entere, pero creo que lo sabe, jejejeje) y por encima pimientitos ricos. Por no hablar de su famoso Pastel de Arroz, de su Bacalao a la Vizcaína… ¿Sólo lentejas en lata? ¿Os lo creéis? ¡Pues yo tampoco! Creo que me tenía engañada, que siempre ha sabido cocinar porque desde el primer plato que me preparó hasta hoy, todo ha sido un deleite para el paladar. Tiene una mente inquieta de por sí, y cuando se deja llevar en la cocina elabora unos platos riquísimos con una presentación digna de una Estrella Michelín! Su especialidad son los pescados y todo lo que proviene del mar. Si es que tengo mucha suerte… Además dice que le relaja planchar. ¡Chicas atrás que está casado!

 

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¿Cómo no me va a apasionar la cocinar, rodeada de todas estas personas  a las que tanto quiero y a las que tanto debo, que forman parte de mi vida y que me han enseñado tanto?

 

Somos una familia a la que le gusta la cocina. Lo haremos mejor o peor, a algunos gustará y a otros no, nunca llueve a gusto de todos ¿no? No somos profesionales, ni tenemos instrumentos de cocina mágicos, pero nos gusta lo que hacemos. Lo importante es que disfrutamos cocinando para nuestra gente y que no solo se trata de  combinar simples ingredientes sino de hacerlo con mucho cariño.

 

Como podéis ver, la cocina para mí no es un hobby, es casi un estilo de vida. Mi afición por la cocina me viene desde pequeñita y por mi entorno.  Ya sean platos salados o dulces, me encanta innovar con lo que encuentre en la nevera o despensa. ¡Eso y un buen armario lleno de especias y soy feliz!

 

Con este breve repaso familiar ya sabéis un poquito más sobre mí y el porqué de mi afición por la cocina.

 

Si queréis saber más…