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Pechugas de Pollo en Salsa de Miel y Mostaza

 

Hoy ha sido un día de esos en los que llegó la hora de comer y no había nada preparado de antemano. Tenía una bandeja de pechugas de pollo en la nevera y ni tan siquiera una idea de lo que iba a hacer con ellas.

 

Con una salida al supermercado todavía pendiente, no tenía mucha opción y por mucho que abría la nevera o miraba en la despensa, lo que ahí encontraba no cambiaba milagrosamente tras cada vistazo. ¿No os ha pasado eso de abrir la nevera una vez tras otra, o el armario de la despensa, esperando encontrar algo ahí que hace tan solo unos minutos no estaba? Pues hoy ha sido uno de esos días… hasta que me acordé de pronto, de una receta que solía preparar mi madre. Sencilla, rápida, y de esas que no suelen quedar sobras…¡mis preferidas!

 

¿Pechugas de pollo? Tengo. ¿Mostaza? Tengo. ¿Miel? Tengo. ¿Curry en polvo? Tengo. Pues manos a la obra y en nada tendremos un delicioso plato de pechugas fileteadas en salsa de miel y mostaza.

 

Pechugas de Pollo en Salsa de Miel y Mostaza 

Con 5 ingredientes, además de las pechugas de pollo, 10 minutos de preparación y 30 minutos de horneado se tiene un sabrosísimo plato de pollo para tomar recién sacado del horno o para tomar templado. La salsa se presta a tomarse de cualquier forma, aunque sin duda, en caliente es un vicio.

 

No se puede pedir una preparación más fácil que la que aquí os presento. Cogéis un bol y mezcláis bien los 5 ingredientes. Al llevar miel (del tipo ‘La Granja San Francisco’ de toda la vida), la salsa espesará un poco. Puede resultar más fácil mezclar con una batidora de mano, de esas de varillas. Una vez estén bien mezclados los ingredientes, el resultado será una salsa homogénea un tanto espesa. Cubrís las pechugas de pollo, que previamente habéis colocado en una fuente de horno ligeramente engrasada, ¡y al horno! Se puede aprovechar este rato para preparar el acompañamiento (si no se ha preparado de antemano); aconsejo tomarlo con arroz blanco.

 

Pechugas de Pollo en Salsa de Miel y Mostaza 

Cuando el pollo lleva 15-20 minutos en el horno, un aroma dulzón y embriagador invadirá tu cocina. ¡Es el momento de empezar a salivar como el perro de Pavlov!

 

Ponemos la mesa, nos servimos una copita de vino tinto y a disfrutar de un sabrosísimo plato agridulce. ¡No os dejará indiferentes!

 

Pechugas de Pollo en Salsa de Miel y Mostaza 

 

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Crema de Calabacín

Crema de Calabacín
Hoy amaneció con solecito y cuando parecía que el mal tiempo y días de lluvia habían quedado atrás… ¡va y empeora el día! Lo de ‘abril, aguas mil’ no se queda en un dicho tampoco este año. Pensando en qué preparar para comer, lo único que apetecía era algo calentito y sencillo, por lo que, ¡qué mejor que una suave crema de calabacín! Rápida, sana, ligera y apetecible. ¡Decidido!

 

Me encanta pensar en un plato y tener los ingredientes en casa, sin necesidad de salir a comprar en un día como hoy ni tener que pensar en otro plato.

 

Lo mejor de todo, únicamente se necesitan dos ingredientes, ¡así es! Calabacines y quesitos en porciones, bastante sencillo, ¿no?

 

La receta es para un kilo de calabacines, que vienen a ser dos o tres calabacines grandes. Eso y unos diez-doce quesitos en porciones.

 

Crema de Calabacín

 

La única preparación necesaria es limpiar bien los calabacines. Al no pelarlos, es importante frotarlos bien bajo el agua para que queden bien limpitos y suaves, libres de asperezas (con la ayuda de un cepillo para verduras es más fácil). Se les quita las esquinas y luego es cortarlos en trozos (de un calabacín te pueden salir 4-5 trozos).

 

Una vez que está hirviendo el agua (suficiente cantidad para que los calabacines queden cubiertos) y tengamos los cubitos de caldo de verdura dentro, metemos los calabacines y esperamos a que estén blandos. Suelo pincharlos con un tenedor y si se ven blanditos y se resbalan hacia abajo cuando los pinchas, es que están listos.

 

Como con cualquier verdura, cuanto más pequeño sea el trozo que pongamos a hervir, antes se reblandece. Tampoco queremos cortar los trozos muy pequeños aunque tengamos prisa, ya que es muy probable que se deshagan en el agua y si luego retiramos parte del agua estaríamos desperdiciando parte del calabacín. De ahí que cortar los calabacines con un grosor de 3-4 cm es lo indicado.

 

Una vez blandos, y dependiendo de la cantidad de crema que queramos hacer y si nos gusta más o menos espesa, retiraremos o no, un poco del agua.  Por mi parte, suelo mantener todo el agua ya que acaba espesando pasado un rato y porque nunca hay demasiada crema de calabacín. ¡Entra sola!

 

Tras retirar los calabacines del fuego, y todavía en su líquido, lo pasamos todo por la batidora hasta que veamos que no quedan trozos grandes. Añadimos los quesitos en porciones (los parto por la mitad para que se esparzan más) y volvemos a batir hasta que adquiera la consistencia deseada.

 

Un toquecito de pimienta al gusto y… ¡voilá! Crema de calabacín para tomar bien calentita en un día frío y lluvioso.

 

Crema de Calabacín

 

Al tratarse de una crema, o bien la tomas como plato único acompañada de unos picatostes o galletas saladas, o bien como un entrante.

 

Se conserva en la nevera y está igual de buena fría que caliente, depende del momento y lo que apetezca.

 

Si decidís probarla, ¡espero que la disfrutéis tanto como hice yo!

 

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